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El resultado del diálogo depende del Gobierno, el cual tiene en su contra el tiempo porque la oposición no tiene deuda, tampoco el compromiso de traer alimentos para satisfacer la demanda de la población y está planteando sus puntos de discusión sin gritos, ni amenazas, expresa Américo Martín.

El profesional del Derecho, escritor y analista político considera que la situación que tiene el país es muy grave, ya que por tercer año consecutivo la inflación se mantiene en niveles muy elevados, el Producto Interno Bruto ha registrado una caída del diez al doce por ciento y es difícil pensar qué puede pasar en los primeros días del año próximo.

El Gobierno carece de políticas para enfrentar la crisis, el partido del oficialismo está estremecido por las diferencias internas y existen tendencias que quieren apartar a Nicolás Maduro. Además, los fraudes cometidos en las elecciones de gobernadores y alcaldes han aislado más al régimen en la comunidad internacional. La política venezolana se ha globalizado.

Situación nunca antes vista

-Cuando estamos llegando a fin de año, ¿cómo podría resumir la situación de Venezuela?

-La situación está llegando a un límite. Es difícil imaginar lo que pueda venir en enero o febrero. Concurren diferentes factores en el malestar colectivo. Se ha alejado la esperanza de que sean tomadas medidas económicas adecuadas. Los últimos intentos del gobierno son reveladores porque no tiene idea de revertir este estado de dificultades para el Estado venezolano y de calamidades para la población.

Se ha dicho que las situaciones económicas no tumban gobierno; pero aquí es un factor muy serio porque la inflación por tercer año consecutivo adquiere un rango de más del 50 por ciento al mes, lo que caracteriza a la hiperinflación. Pero, con un componente muy dañino: el retroceso económico, pronosticado por diferentes organismos internacionales, del 9,5 al 10 por ciento del Producto Interno Bruto.

Los niveles de desempleo, cierre de empresas, aumento diario de los precios de artículos de primera necesidad, escasez de alimentos y medicinas, afloramiento de enfermedades que habían sido extinguidas hace tiempo, además de inseguridad y violencia, conforman una situación que nunca antes había vivido la Venezuela republicana. Aún más, si analizamos el siglo 20, a partir del régimen de Juan Vicente Gómez, no se había visto una crisis económica como esta.

La política es estrictamente el reflejo de esta situación económica. El gobierno no tiene reglas claras para gobernar como debe existir según los principios constitucionales, los cuales no se respetan. No quiere salir del poder al precio que sea.

Actúa con desvergüenza en contra de la convivencia constitucional. Este no es un país democrático. En todo caso utiliza todos los mecanismos de permanencia en el poder.

El incumplimiento de la República y por parte de PDVSA, causantes de las deudas, los ha llevado a la cesación de pago, del default, lo que agrava muchísimo las condiciones para enfrentar la crisis. Todos estos problemas le cortan los vínculos comerciales y financieros, que requiere el país. Los acreedores han venido exigiendo el pago de las deudas porque éstas ya están con el plazo vencido. Se van acumulando unas borrascas en los primeros meses que vienen.

Crisis interna del PSUV

En este cuadro tan tremendo está la crisis interna del partido del gobierno, señala Martín. No es la crisis de la oposición, en la cual es natural que haya desacuerdos y enfrentamientos porque hay diferentes formas de pensamiento. La crisis del poder impide tomar acciones. Es por ello que la negociación se ha convertido en un gran dolor de cabeza para el Gobierno y su organización política.

Mucha gente cree que la mesa de negociaciones, que se ha venido llevando a cabo en República Dominicana, es una especie de trampa jaula montada por Maduro, para ganar tiempo y perpetuarse en el poder. Esa idea no tiene pies y cabeza. El Gobierno deberá honrar deudas vencidas y la capacidad para responder a las necesidades exigentes de la población. Las consultoras de riesgos hablan claramente del estado en que se encuentra el país.

El gobierno no puede ganar tiempo, indudablemente, porque pierde la posibilidad de sobrevivencia. El tiempo corre contra el Gobierno. La oposición no tiene deudas, ni tampoco la obligación de traer alimentos y medicinas para atender las necesidades de una población que está reclamando con urgencia que le solucionen esos problemas. Ni tampoco es culpable de la crisis ocasionada por las malas políticas del régimen.

Aplazar el tiempo para el Gobierno va contra su propia sobrevivencia. No puede llegar a acuerdos con los puntos que está planteando porque la crisis venezolana ya no es propia del país sino que la ha asumido plenamente la comunidad internacional.

Numerosos países de América y Europa se han unido para que en Venezuela haya democracia a través de elecciones creíbles. Y por ello, el diálogo es la última oportunidad que tiene el Gobierno para que se mantengan las reglas del juego democrático.

El Gobierno teme ser derrotado si las aplica. Pero, en esa contradicción tiene que jugar. Hay tendencias dentro de su propio partido que quieren desplazar a Maduro. Si se fracasa en esta negociación van a pagar lo que no tienen.

-¿Podría imponer el reconocimiento a la Constituyente?

-Es mentira que se planteé la Constituyente. La oposición no tiene planteada aceptarla porque la misma es rechazada por la propia comunidad internacional. Lo que sí se ha plantado es la libertad de los presos políticos, las elecciones transparentes y con un Consejo Nacional equilibrado, bajo la supervisión de organizaciones internacionales, la devolución de las facultades de la Asamblea Nacional y la ayuda humanitaria, que el mundo está ofreciéndole a los venezolanos y que, sin embargo, el Gobierno está bloqueando porque persiste en negar que la gente esté muriendo de hambre.

-¿Cómo ve a la oposición después que el Gobierno ha alcanzado veinte gobernaciones y más de trescientas alcaldías?

–Eso lo ha hecho el Gobierno cometiendo fraudes, que son evidentes. Así lo ha sancionado el mundo entero. El aislamiento del gobierno es tan agudo que este Gobierno no puede mantenerse si no retorna a la democracia. El sistema interamericano obliga a que los gobiernos no sólo sean electos democráticamente sino que se rijan por los principios democráticos. La Carta Democrática Interamericana contempla sanciones. Y Venezuela está en la mira de la comunidad mundial. La política venezolana se ha globalizado.

-¿Cómo ha visto la abstención en estos procesos electorales?

-La abstención que nace para protestar contra el gobierno se ha convertido en su tabla de salvación. Abstenerse no es salida para nadie. Es lo peor que se puede hacer. Todas las abstenciones han consolidado el gobierno que pretendían castigar. Cada vez que la oposición se unió, venció. El objetivo tiene que ser participación en las elecciones, así éstas sean fraudulentas. El fraude paga un costo muy alto. El fraude es cuando me arrebatan el voto. Si no voto, no tengo derecho ni moral para denunciar, porque no me lo arrebataron.

Justicia y no venganza

-¿Qué se puede esperar en enero de las conversaciones entre el Gobierno y la oposición?
-El resultado del diálogo depende del gobierno. Si nos atenemos a lo que la oposición ha venido haciendo la delegación, sin gritos, ni amenazas, muy serenamente, el Gobierno tiene que actuar. Si cede, magnífico. Si acepta la democratización del país, no será una tragedia, porque va a ser protegido por la Constitución. No habrá venganza, sino justicia. La otra opción que tiene el Gobierno es ir contra el mundo entero. ¡Ojalá que menos intransigentes se impongan!

-¿Y de los militares que se han incorporado plenamente a la política a favor de este Gobierno?

-Es una costumbre silenciar a los militares, entregándoles el poder. Eso ocurrió con Pinochet en los días finales de su mandato cuando entregó el orden público para intentar la caída de su gobierno.

A quienes se desvían de la democracia les gusta seducirlos o qué se yo. Hubo una época en que en esta parte del continente el sistema era de dictadores, de cachuchas y botas. Ahora no hay un solo gobierno que no acepte las reglas del juego democrático buenas o malas ganas. Ese es el mecanismo de la doctrina de Rómulo Betancourt, que no fue aprobada cuando él la planteó, pero que se ha impuesto.

Alianzas débiles

-En estos momentos en que Maduro está aislado, ¿tendría apoyo de Rusia y China, tomando en consideración su acercamiento a esos países?

-Rusia no está en buenas condiciones ni política ni económica. Es una potencia menor, pero lo sigue siendo en materia nuclear, aun cuando mucha es la distancia que le ha sacado la otra potencia, Estados Unidos. Trata de tener influencia en Siria e irán, pero no puede evitar entenderse también con Estados Unidos. China restableció relaciones con Corea del Sur por reaccionar contra el gobierno de Corea del Norte, su aliado estrecho y firme.

Rusia y china se han ido colocando en situaciones más ingeribles. Pero, en ambas ha descendido del cielo una desconfianza hacia Venezuela muy grande por el pago de la deuda. Lo que más puede hacer es utilizar a nuestro país como mecanismo de presión contra Estados Unidos. Estas son alianzas muy endebles.

No van a debilitar su realidad por sostener un gobierno insostenible como el de Maduro. Lo más desolador es que este Gobierno no tiene política. Eso se ve en lo monetario: hizo explicaciones rimbombantes con la cesta de moneda y anunció que haría pagos en yuanes.

Pero, se derrumbó de la manera más triste y penosa. Si el país no produce no puede sustentar una moneda como el bolívar, que está desapareciendo al igual que las tarjetas. El anuncio del “petro”, una especie de bitcoin, no tiene sentido porque está basado en las posibilidades en reservas potenciales en petróleo, oro, diamante y gas.

Todo ese intento no tiene posibilidad. El sistema monetario se basa en la confianza, que no existe. Y lo que la sostiene es su capacidad productiva y en los clientes extranjeros, que están en cero. PDVSA, que era la joya de la corona en América Latina, se ha convertido en una ruina. Y el año que se avecina no parece muy alentador a menos que haya un cambio para que volvamos a ser como antes. Creíamos que era malo y lo que hablamos ahora es que era bueno. Era una certeza que no veíamos.

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