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Aunque parezca mentira, lo que hace años atrás veníamos alertando sobre lo inconveniente de tener representantes gremiales limosneros y lemesuelas, se cumplió. Hoy el sueldo del docente universitario ha sido devorado por la espiral inflacionaria producto de la destrucción intencionada del sistema productivo y económico del país.

Con bombos y platillos celebraron la negociación de los intereses de los agremiados con el patrón. Hicieron creer a muchos que habían firmado una III Contratación Colectiva Única con múltiples beneficios, pero el espejismo duró poco. Ningún docente conoce tal contratación y por tanto no podemos sentirnos seguros de vivir con cierta dignidad producto de los alcances de lo acordado, es más, a pocos meses de su supuesta firma, es difícil cubrir nuestros gastos básicos.

Hace veinte años, para el mes de noviembre, un docente universitario titular a dedicación exclusiva (el más alto del escalafón) devengaba 399.599 Bs, lo que equivalía para la época a 4 Canastas Básicas Alimentarias y 799$; para el 2007, el salario del mismo docente equivalía a las 4/5 partes de la Canasta Básica Alimentaria y a 300$, pero en la actualidad, da tristeza. Efectivamente, la miseria ha llegado, el docente universitario de mayor rango, con más años de servicio y formación, solo puede adquirir 1/3 de la Canasta Básica Alimentaria y su sueldo representa apenas 9,6$ y de ñapa, el seguro médico alcanza para 1 día de hospitalización en una clínica.

Para reflexionar sobre lo que viene, vamos a estimar el costo actual de un almuerzo criollo para una familia de 5 personas: un pabellón. Un kilogramo de carne, si lo consigue, está valorado en 95.000 Bs, supongamos que se gasta las dos terceras partes, medio Kilogramo de arroz equivalente a 10.000 Bs, 1/3 de Kilogramo de caraota más o menos 18.000 Bs, un plátano 3.000 Bs y unos 9.000 Bs en aliños, para un total de 100.300 Bs. Según esta cuenta, un docente titular puede almorzar en casa con su familia sólo 8 veces. ¿Cómo pagar servicios, transporte, calzado, vestido,…?, no hay forma.

Difícil que un docente universitario puede disfrutar de una buena cena navideña y mucho menos obsequiarle algo a sus seres queridos. Llegó la hora de deponer actitudes, de reflexionar y exigir unidos lo que nos corresponde. Todos por igual sufrimos las mismas calamidades, el mismo maltrato. No podemos esperar más. No nos merecemos esta triste realidad, no sacrificamos tantos años para culminar nuestra carrera docente acompañando al limosnero de la esquina. Quién se considere verdadero docente debe hacer valer su profesión y luchar unido con todos los trabajadores universitarios para defender las justas reivindicaciones y por ende una mejor calidad de vida. Los que siguen con rodilla en tierra, ya es hora de levantase con dignidad. La corrupción es morbosa, reacciona. Tú formas partes del cambio, ¡Docentes, ciudadanos, uníos!

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