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MgS/ José Luis Zambrano Padauy/

Ciertamente, aunque parezca una carencia de buen juicio o una falla mental, el verdadero resultado se ve en la práctica. Este venezolano podrá entonces comprar un kilo de arroz de dudosa calidad higiénica en 60 mil bolívares, mientras en los mercados serios se halla en 230 mil. La toma de decisiones está en poder comer ese día, más allá de arriesgar la propia salud o que para muchos se hayan perdido los cabales en esta batalla de supervivencia.

Por eso no es extraño que nuestra gente esté escapando como alma que lleva el diablo. Que cerca de un millón de personas haya cuantificado el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), al flujo migratorio venezolano en los últimos dos años, puede medir la preocupación del organismo internacional porque a nuestros compatriotas, los traten con la dignidad de quienes ven con urgencia, la necesidad de huir sin mediar en otra reflexiva.

Por eso ahora podremos ser calificados como “refugiados” en otros territorios, pues clamamos por un resguardo necesario a toda esta demencial nacional en la que se perdió toda lógica, así como también se pierde cada día todo el talento y la materia prima profesional por nuestras fronteras.

En la película, a la botella caída desde el cielo como un regalo de los dioses y que generó conflictos en la tribu al no saber cómo compartirla, la calificaron a la postre como “la cosa maligna”. Tal vez en nuestra realidad, desde Cuba nos han caído a botellazos o es la forma más primitiva de llamar al socialismo caribeño. Pero ciertamente, ya estamos al nivel de perder la cordura.