El papa Francisco expresó “vergüenza” por dejar a las jóvenes generaciones “un mundo fracturado por las divisiones y las guerras”, en ocasión de una oración pronunciada al término de la ceremonia del Víacrucis delante del Coliseo de Roma.

“Nuestras generaciones están dejando a los jóvenes un mundo fracturado por las divisiones y las guerras, un mundo devorado por el egoísmo en el que los jóvenes, los niños, los enfermos, los ancianos son marginados”, lamentó el Sumo Pontífice.

El vía crucis se realizo en el coliseo de roma.

Reagrupados alrededor del inmenso anfiteatro, luego de pasar estrictos controles de seguridad, unas 20.000 personas, muchos con velas en las manos, siguieron antes en silencio la ceremonia nocturna del Víacrucis, que revive las diferentes etapas del calvario de Jesús desde su condena a muerte hasta su crucifixión y sepultura, destacó AFP.

Los que cargaron una larga cruz gris -muchos jóvenes entre ellos una niña en silla de ruedas- se relegaron caminando en el fondo del Coliseo primero y luego en el exterior del anfiteatro.

Los textos que acompañan las estaciones fueron escritos este año por quince jóvenes, de entre 16 y 27 años, que no dudaron en hablar de la mirada cruel de sus pares fijada en las redes sociales.

Fuertes medidas de seguridad

La actividad se realizó en medio de fuertes medidas de seguridad por temor a atentados terroristas durante las celebraciones por la Semana Santa.

El Papa hablo tras presidir el vía crucis

En una bendición al final de la ceremonia, que duró menos de 90 minutos, Francisco pidió a los católicos mirar a Jesús con una mirada “llena de culpa, arrepentimiento y esperanza”.

“Que tu santa Iglesia, hecha de pecadores, continúe… pese a todos los esfuerzos para desacreditarla, siendo una luz que brilla, alienta, alivia y da testimonio de tu amor iluminado”, expresó, destacó DPA.

El Sumo Pontífice, de 81 años, no participó en la procesión, pero siguió los hechos desde un podio, ubicado delante de una cruz gigante iluminada con velas.

Antes de que el papa se dirigiera a la multitud, varios fieles se turnaron para trasladar una sencilla cruz negra dentro y fuera del Coliseo, entre ellos una familia oriunda de Siria, monjas de Irak que huyeron de la violencia de la milicia terrorista Estado Islámico, y jóvenes.