El eslovaco Peter Sagan (Bora), actual campeón del mundo de fondo en carretera, se impuso este domingo en la 116ª edición de la clásica París-Roubaix, tras 257 kilómetros de recorrido en el llamado ‘Infierno del Norte’.

El velocista eslovaco, de 28 años, superó en el esprint en el velódromo de Roubaix al campeón de Suiza, Silvan Dillier (Ag2r-La Mondiale), y se convierte en el primer campeón del mundo en ganar este ‘monumento’ ciclista desde que lo hiciera el francés Bernard Hinault en 1981.

La carrera, no obstante, estuvo marcada por el grave accidente del belga Michael Goolaerts (Vérandas Willems-Crélan), de 23 años, quien poco antes de las 14h00 locales (12h00 GMT) sufrió una caída que le dejó inconsciente y le provocó una parada cardiorespiratoria, según los bomberos.

Consiguió ser reanimado por el equipo médico de la carrera, antes de ser trasladado en helicóptero al hospital de Lille, según la misma fuente.

En lo deportivo, Sagan  atacó a 55 km de la meta tras un primer acelerón del campeón olímpico, el belga Greg Van Avermaet. 

El eslovaco se unió a los componentes de una fuga anterior, formada por Dillier y el belga Jelle Wallays, y entre los tres lograron rápidamente aventajar en un minuto al pelotón principal.

El poderoso equipo Quick-Step, con varios hombres que aspiraban al triunfo, jugó a la defensiva. Lanzó unos primeros ataques por medio del belga Philippe Gilbert y del checo Zdenek Stybar, pero se vio después sorprendido por Sagan.

Otro de sus líderes, el holandés Niki Terpstra, ganador de la última Vuelta a Flandes, lideró la caza a Sagan, pero ya no pudieron echar mano al campeón del mundo.

En los últimos minutos, Dillier, un gran rodador y especialista en la lucha contra el crono, y Sagan se marcharon en solitario y mantuvieron las diferencias con respecto al resto de favoritos, desperdigados en varios grupos como consecuencia de los estragos causados por los temibles tramos de adoquinado.

Los dos fugados entraron en solitario en el velódromo de Roubaix y Sagan, sabedor de su mayor punta de velocidad, esperó a estar a 200 metros de la meta para lanzar el ataque definitivo, al que ya no pudo responder Dillier.

Terpstra entró tercero en la meta, con unos segundos de ventaja sobre un pequeño grupo en el que destacó Van Avermaet para acabar cuarto.

“Estoy muy cansado. Este año la suerte ha estado de mi parte: sin caídas, sin pinchazos... he podido guardar energía para el final”, explicó Sagan nada más cruzar la meta.