LeBron James emergió de una caótica y compleja temporada mejor que nunca, como el indiscutido rey de la NBA.

Pese a que no contó con Kyrie Irving como escudero. Pese a una temporada de múltiples bajas por lesión y dos purgas del plantel de los Cavaliers. Pese a estar rodeado de un grupo de compañeros conformado por novatos y sólo tres sobrevivientes de los equipos de Cleveland que él condujo a tres finales de la NBA, James disputó cada partido de su 15ta temporada, y luciendo más dominante que nunca. 

Invirtiendo millones de dólares en acondicionamiento físico y manteniendo una ética de trabajo que lo ha impulsado desde su infancia, James parece decidido a desafiar el ciclo natural de las cosas. 

A sus 33 años y enfilándose a una lucha por su octava final seguida de la NBA, James no da muestras de reducir su marcha. Promedió 27,5 puntos (su cifra más alta desde 2010) e impuso récords de su carrera en promedios por asistencias (9,1) y rebotes (8,6), además de que no se perdió un solo partido de la temporada por primera vez.

Lideró la liga en puntos totales y minutos jugados, superó la marca de los 30.000 puntos en su carrera, registró 18 triple dobles y fue el segundo máximo anotador de la liga en los cuartos periodos, con un promedio de 7,5 puntos.