Uno de los temas más recurrentes en historias para la gran pantalla, abordado desde múltiples ángulos y géneros cinematográficos, ha sido la homosexualidad. En este mes del orgullo gay haremos un repaso somero sobre algunos de sus ejemplos más destacados, sobre todo a partir de los años 60, cuando se comienza a tener un mayor grado de permisividad en torno al tema.

Basil Dearden dirigió en 1961 “Víctima”, con Dirk Bogarde en el rol de un hombre que a pesar de amar a su esposa sentía una pasión incontrolable por un joven, trama muy similar a la de “Reflejos en un ojo dorado” (1967), de John Huston, con Elizabeth Taylor y Marlon Brando en el papel de un oficial homosexual de la armada. En l968 surge Teorema, del italiano Pier Paolo Pasolini, cuyo universo llevó a la homosexualidad a la categoría de lucha política. El realizador concibió su historia como la de “un dios que llega a una familia burguesa, que ama a todos, desde el padre hasta la criada. Terence Stamp, el actor que lo encarnó, 25 años después interpretó magistralmente a un travesti en “Las aventuras de Priscilla, reina del desierto”, de Stephen Elliot, que le valió una nominación al Oscar.
En 1969 vio la luz “El conformista”, de Bernardo Bertolucci, donde se cruzan dos de los temas centrales del director: política y sexo. Es una mirada introspectiva de la tragedia de un hombre (Jean Louis Tritignant) que reniega de su homosexualidad, se casa con una dulce mujer y se afilia al partido fascista. Imposible eludir también a “Muerte en Venecia” (1971), de Luchino Visconti, sobre la pasión de un compositor (Dirk Bogarde) por un adolescente de catorce años llamado Tadzio. Otra cinta emblemática es la provocadora Querelle (1982), obra póstuma del alemán Rainer Werner Fassbinder. Títulos imprescindibles son igualmente “El ansia” (1983), de Tony Scott; “La jaula de las locas” (1978), de Edouard Molinaro; “Trilogía de Nueva York” (1988), de Paul Bogart y “El beso de la mujer araña” (1985), de Héctor Babenco.
En los ochenta aparece un nuevo factor que se incluye en la temática gay: el Sida. De esos años fue “Juntos para siempre” (1990), de Norman René, la historia de varios amigos que pasaron de vivir años muy felices y entretenidos a verse envueltos en la peor de las tragedias: la de una enfermedad desconocida que mataba a las personas cruel y rápidamente. También resaltan “Los amigos de Pete” (1992), de Kenneth Branagh; y “Philadelphia” (1993), de Jonathan Demme, que incluyen al Sida, la primera como una forma de celebrar la vida cuando se está al final de ella, y la otra la manera como una sociedad ignorante le declara la guerra al personaje que contrae la enfermedad.
Más recientemente, el estadounidense Sean Baker causó sensación con “Tangerine” (2015), una comedia inteligente de prostitutas travestis, drogas y mafiosos, situándola alrededor del colectivo transgénero. Esta es solo una apretada pero significativa lista de películas del universo gay. Cada una en su género, plantea inequívocamente que la esencia del amor es independiente del sexo