Desde hace tres años, la realidad de la migración venezolana es inocultable. Tanto que la Organización Internacional de Migración estima que, entre 2015 y 2017, el flujo de venezolanos que salen del país aumentó un 900%.

De 89 mil venezolanos que salían a diario por las fronteras y los aeropuertos, se pasó a 900 mil personas, y actualmente dicha organización estima que existen más de millón y medio de ciudadanos fuera de la nación, debido a la grave crisis económica y social; cifra que algunos especialistas estiman demasiado conservadora pues calculan en cerca de cuatro millones el número de venezolanos que han migrado.

Joel Millman, portavoz de la OIM, afirmó en mayo que “estos números representan una de las crisis migratorias más importantes que hemos vivido en los últimos años, pero está siendo bien gestionada gracia a la solidaridad de los países vecinos”.

La OIM ha clasificado a Colombia, Brasil, Chile, Argentina, Ecuador, Perú y Uruguay como las naciones que han recibido mayor flujo de venezolanos

Justamente, por Colombia se registra la principal salida de venezolanos, que han cambiado las prácticas migratorias de los aeropuertos por la vía terrestre. En junio, Migración Colombia contabilizó que han recibido a más de un millón de venezolanos, de los cuales, 819 mil son ciudadanos que tienen vocación de permanencia.

Christian Krüger Sarmiento, director de Migración Colombia, señaló que durante los primeros cinco meses de 2018 más de 315 mil venezolanos han salido de ese país por el Puente Internacional de Rumichaca (frontera con Ecuador), un 36% más que en todo 2017.

Además, según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) hasta abril de este año al menos 170 mil venezolanos habían pedido ser considerados como solicitantes de asilo en todo el mundo, 24.000 tan solo en Brasil.

Diáspora organizada

El sociólogo y doctor en Planificación Tomás Páez, coordinador del proyecto Diáspora Venezolana de la Universidad Central de Venezuela, señala que el proceso de diáspora ha crecido de manera acelerada y vertiginosa en los últimos dos años por el desplazamiento humano, “y va a seguir creciendo en medida que el Gobierno se mantenga en el poder, y tampoco sería descabellado decir que ese crecimiento se mantendrá”.

En el proyecto Diáspora Venezolana estiman que hay venezolanos en más de 90 países, 300 ciudades y aproximadamente un total de tres millones 600 mil venezolanos fuera. En todos esos países, hay organizaciones en todos los campos.

Este proceso migratorio ha sido reactivo ante la emergencia, no planificado, pero los venezolanos se han organizado ante los temas críticos y la construcción de un plan país en ciudades como Boston, Miami o Frankfurt, que se conectan con organizaciones de la diáspora como la de la Universidad Central de Venezuela, Universidad de Carabobo, Cámaras de Industriales o Asociación de Ejecutivos.

Entre esas organizaciones están las que hacen lobby político y ejercen presión en alcaldías, gobiernos regionales y nacionales, parlamentos supranacionales y que se reúnen con partidos políticos.

También existe los que organizan remesas (tanto individual como colectivo), las personas que coordinan envío y entrega de medicinas de todo tipo a través de fondos recolectados por medios de causas pro fondos o donaciones.

“En Australia actualmente se trabaja en la edición de un libro de cocina venezolana y latinoamericana, cuya venta será destinada para los niños con leucemia”, destaca Páez como un ejemplo.

También existen las organizaciones de tipo económico, ambiental y de tipo cultural, que incluye difusión de valores y música.

La diáspora es un activo importante. Al menos el 20% es gente que invierte en los países donde llegan, que crean empresas y con ello fuentes de empleo y riqueza en esas naciones”, asevera el sociólogo de la UCV

Páez menciona que casi es posible organizar a la sociedad venezolana entre los que reciben remesas y los que envían, “por eso el gobierno también intenta meterle mano a eso. Muchas familias venezolanas pueden comprar comidas, medicinas o pueden ser atendidos gracias a las remesas y el envío de medicinas”.

También explica que la diáspora ha jugado un papel importante sobre la conciencia que existe en el mundo de la dictadura y la represión en Venezuela.

“Hay gente entrenándose, formándose y creando empresas que está siendo y va a ser útil para la reconstrucción del país”, indica el coordinador, que destaca las redes que forman los venezolanos para proveer trabajo dentro y fuera del país.

Asevera que existe un inmenso capital humano que el país tiene ahora en su nueva geografía, gente que ha aprendido una nueva lengua, una nueva forma de valorar la relación en sociedad, que han aprendido cómo se resuelven temas de transporte, seguridad o salud, “es un valor impresionante para la futura construcción de Venezuela más allá que la gente vuelva o no”.

La diáspora política

El psicólogo social Ángel Oropeza, coordinador adjunto de la Mesa de la Unidad Democrática, menciona que la migración venezolana, específicamente los que hacen activismo político en el exterior, son un enlace importante con la comunidad internacional para lograr elevar la presión sobre el Gobierno de Nicolás Maduro.

La presión externa es una de las siete formas de ejercer cierta influencia para lograr erosionar a Maduro y lograr un cambio de poder por la vía democrática, desde el punto de vista de la coalición opositora.

Por ello, tanto la MUD como el Frente Amplio Venezuela Libre disponen de las labores que realizan algunos políticos exiliados como Julio Borges, David Smolansky o Carlos Vecchio, que han participado en reuniones con presidentes, parlamentarios extranjeros, derechos de palabra en senados de distintos países, entre otras actividades, para exponer la crisis venezolana.

Otras plataformas, como la organización de Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio (Veppex), hacen un trabajo a motu propio, específicamente en Estados Unidos, donde además de activismo político se encargan de solicitar a las autoridades e instituciones de ese país beneficios para los migrantes.

Recientemente José Antonio Colina, director de Veppex, solicitó de manera formal al vicepresidente de EEUU que implemente medidas de “protección humanitaria” temporales para los venezolanos que huyen de su país por motivos políticos, hasta que “Venezuela vuelva a ser un país con libertad y respeto de los derechos individuales”.

La organización también ha expresado su “preocupación” por los “procedimientos de deportación” aplicados a los venezolanos porque son devueltos a un país que se encuentra bajo la “jurisdicción de un régimen ilegítimo con conexiones con el narcotráfico y el terrorismo”

Y es que otra de las tareas de Veppex consiste en dar charlas y brindar asesoría legal a aquellos ciudadanos cuyo estatus legal y migratorio no está acorde con las leyes estadounidenses, o que presentan alguna falla en sus solicitudes para permanecer en ese país o buscar trabajo.

En pocas palabras, aun cuando no hay una coordinación política eficiente que articule a los millones de venezolanos que han migrado del país, diferentes organizaciones y las propias comunidades de paisanos han buscado formas de organización que les permitan alzar su voz ante las injusticias que se viven el la nación que les vio nacer.