Nicmer Evans / Estamos en un momento crucial. Un caos generalizado como consecuencia de una política económica absolutamente extraviada de toda lógica, que avanza como kamikaze a su autodestrucción. Está acompañada de una demanda y expectativa de liderazgo y conducción política que aún no es cubierta por ningún actor, simplemente porque cada uno por su lado nunca lo podrá lograr.

Y mientras todo esto sucede, los sectores gremiales y sociales de manera decidida afirman estar dispuestos a darlo todo porque “ya no hay nada qué perder” o, como me dijo ayer Ana Rosario Contreras, dirigente de las enfermeras que hoy son ejemplo de lucha para todo el país: “Sé que pueden intentar quebrarme, pero eso no me detendrá porque la lucha es por un país, no es por una persona, mi familia lo sabe.”

Sin embargo, la necesidad de articular todas las luchas es urgente. El sector eléctrico con una justa lucha salarial tampoco podrá solo, si no comprende que el problema de las enfermeras, los médicos, los docentes, los petroleros, se basa exactamente en el mismo elemento: la política económica empobrecedora que solo alimenta a los corruptos y destruye el aparato productivo que va quedando.

Es el gobierno de Maduro y la kakistocracia madurista la culpable, pero la lucha no solo es por la salida del gobierno, sino por la necesidad de confiar en una alternativa que dé garantías de que podamos salir de la crisis sin impunidad de los responsables, normalizando la economía.

Es por ello que el medio que se debate hoy para profundizar la lucha reivindicativa para que adquiera sentido político y permita emerger nuevos liderazgos parte de las luchas concretas, que en suma hoy están empujando a un paro de facto de la mayoría de los sectores económicos y sociales del país. Es tan así que la realidad es que ni siquiera hay transporte para que los trabajadores lleguen a sus puestos de trabajo.

Sin embargo, profundizar el paro hoy, con condiciones objetivas pero sin las condiciones subjetivas de quienes tienen en su mano definir este paro a nivel nacional, además de las consecuencias que eso trae, obliga a pensar en un paso previo, una jornada de huelga nacional de 8 horas laborales, acción consagrada como derecho en el artículo 97 de la Constitución, para lo cual se debe generar una urgente consulta de todos los sectores de la vida nacional, y así entiendo que el Frente Amplio Venezuela Libre lo anunciará, y nosotros desde el Movimiento por la Democracia e Inclusión estamos apoyando íntegramente.

¿Una jornada de huelga nacional para qué?

A diferencia de la deriva jurídica de una huelga en Venezuela, la huelga es la protesta previa a un paro, aunque en nuestro país el valor de los conceptos está invertido, sin embargo, sin hacer punto de honor conceptual, huelga o paro, hoy el país demanda una acción para la unificación de las fuerzas, para la coordinación de acciones y para la definición de la conducción política en función del restablecimiento de los derechos de los trabajadores y en general para el restablecimiento del orden constitucional.

¿Y el día después qué?

Amaneceremos organizados, más fortalecidos, con un gobierno más debilitado y obligado a ceder, a tener que dar un paso atrás, mientras nuevos sectores políticos, sociales e incluso militares tendrán que pensar cómo integrarse a la lucha. El día después será el primer día de una nueva etapa en la lucha, con la fuerza necesaria para planificar una nueva acción aún más contundente.