La industria carabobeña entró en coma pero todavía sobrevive, pese a la implementación y ejecución del paquete de medidas económicas, decretado por el gobierno del presidente Nicolás Maduro y que se profundizará a partir de este sábado1° de septiembre.

Es para los industriales un “mar picado”cargado de incertidumbre. Esta realidad quedó plasmada en una jornada de análisis en la Cámara de Industriales de Carabobo, durante una asamblea general realizada en el salón-auditorio “Luis Núñez Pérez”.

El encuentro se organizó para oír a viva voz de los dirigentes y ejecutivos de alto nivel de la industria las primeras reacciones una vez dispuesto el conjunto de medidas económicas del gobierno y medir el alcance y repercusiones en el aparato productivo fabril, que se mantiene pulverizado y expectante, por falta de claridad y especificación de los mandatos y obligaciones por venir.

La percepción generalizada es que la industria manufacturera entró en shock con las obligaciones y compromisos dispuestos por el gobierno, y aun cuando priva el temor de que muy pocas empresas estarán en capacidad de cumplir sin traumas la nueva situación, también la mayoría tiene la firme convicción de enfrentar la realidad devenida y de asumir con entereza los costos

Los industriales reconocen que estas medidas pueden suponer, de hecho, la desaparición forzada de numerosas plantas de producción de bienes y servicios, el cierre inevitable de cantidades incalculables de fuentes de empleos, y por consiguiente, la agudización de la crisis socio-económica de la población, que desde hace tiempo sufre los embates de la escasez de alimentos y medicinas, el dramático deterioro de servicios básicos como el alumbrado, suministro de agua y gas, transporte y, para colmo, el incremento de la inseguridad.

No hay manera de que el parque industrial pueda resistir y responder al nuevo status económico, sentenciaron los empresarios. Aunque el Estado absorba por 90 días seguidos la carga de costos salariales por el aumento decretado, habrá necesidad en lo inmediato de aplicar el viejo axioma de “como vaya viniendo, vamos viendo.

El temor de los industriales es coincidente: La maxidevaluación por venir tras la hiperinflación ya desatada terminará por arrastrar cualquier esfuerzo de emprendimiento, de resistencia a la crisis productiva y conservación de las empresas activas

Los distintos voceros del sector fabril, que uno a uno pudieron exponer sus respectivas ópticas, coincidieron en que la mayor preocupación está en los nuevos esquemas laborales. Si bien es cierto que la industria aplica revisiones constantes con incrementos de salarios permanentes por diversas vías, la nueva tabla lineal del salario mínimo resuelto, no se podrá acompasar con la capacidad de respuesta de los empleadores, por incompatibilidad de los ingresos de las empresas y sus estructuras de costos.

También genera inquietud el impacto que se ve llegar sobre las prestaciones sociales de los trabajadores, particularmente en las pequeñas y medianas empresas, que tampoco ha sido considerado en el marco de los anuncios formulados hasta ahora y que pudieran tener respuesta en las disposiciones que están pendientes por aparecer en gaceta.

El presidente de la CIEC fue el último en intervenir, una vez que escuchó con la debida atención los diversos planteamientos. Adán Celis reiteró las dificultades que tendrá la industria para responder a la situación, que a su juicio no tiene salida fácil, aunque insistió en la necesidad de esperar hasta donde el “cuerpo resista” como un compromiso con la historia y el porvenir de Venezuela.