Por / Leopoldo Puchi / Hay quienes han señalado que las medidas que ha venido adoptando el Gobierno son insuficientes para un programa de recuperación económica. Para otros observadores, simplemente son muy numerosas o exageradas. Por lo general, se señala la ausencia de una visión integradora. Ahora bien, nada de particular tienen estos cuestionamientos, que son muy frecuentes cada vez que en un país u otro se emprende un programa de ajustes en alguna de sus versiones. Como se sabe, cada economista tiene su propio programa en su cabeza.

Tomando en cuenta estas consideraciones, lo razonable frente a las decisiones tomadas es la de asumir una posición de expectativas positivas, más allá de las críticas puntuales a uno u otro aspecto del programa. En realidad, transcurridas dos semanas, la inquietud debe centrarse en la ejecución de las medidas y en el cumplimiento de las decisiones dadas a conocer. Y, efectivamente, hay motivos para preocuparse, porque un aspecto esencial del programa presentado ante el país tiene que ver con la formación de precios y las políticas cambiarias, y no hay claridad sobre la manera en que esto funcionará.

Se informó que se crearía un mecanismo en el que el precio de las divisas transadas por el sector privado se desprendería básicamente de la oferta y la demanda, y que podrían comprarse y venderse sin mayores controles en un marco normativo flexible, aunque por supuesto consistente con las exigencias y acuerdos internacionales de control de la legitimación de capitales. Pero no ha ocurrido exactamente así, hasta ahora, y se desconoce cómo se procederá definitivamente con el asunto. El peligro es que el mercado paralelo y el diferencial cambiario se vuelvan a fortalecer como fuente de aprovechamiento ilícito.

Este elemento es muy importante, porque el programa está dirigido a reactivar el movimiento económico del sector privado, que es mayoritario y se guía por la dinámica del mercado y tiene como motor la búsqueda de la ganancia. Por lo tanto, por su carácter capitalista, requiere para funcionar bien de la estabilidad de las variables macroeconómicas, sin las cuales se paraliza y retrocede la producción en este sector.

Pueden, y así lo muestran experiencias de otros países, establecerse determinados controles y limitaciones a los excesos y a la especulación. Pero una economía privada no funciona con la racionalidad que pudieran tener las unidades productivas y de distribución socializada o comunal.

En cuanto a esas empresas del Estado o de carácter social, la clave para incrementar su capacidad de producción reside no tanto en las coordenadas macroeconómicas sino en las capacidades gerenciales y en la eficiencia de la gestión. Es el caso de Pdvsa, de las industrias básicas y de algunas experiencias comunales.

En la actualidad es indispensable para mejorar la situación del país que la empresa privada se dinamice, como parte de una economía mixta. Pero si no se concreta lo anunciado en el programa de recuperación será difícil que esto ocurra. Lo más acertado es que se continúe avanzando en la dirección inicialmente señalada.