Por Paciano Padrón / “En Venezuela no hay crisis humanitaria, eso es una campaña internacional que quiere justificar un golpe de Estado”, respondió a sí mismo Maduro, luego de preguntarse: ¿cuál crisis? El dictador, mentiroso compulsivo, habla con desfachatez. Este destructor que trabaja para los intereses del comunismo internacional, que ha robado y dejado robar sin límite alguno al tener sometidos a todos los poderes públicos, ha entregado nuestra soberanía a Irak, Rusia, Bielorrusia y Cuba, así como al terrorismo internacional, al narcotráfico y a la guerrilla colombiana.

Ahora voy a responder a Maduro utilizando solo titulares de noticias que he leído hoy, cuando escribo estas reflexiones. La expresidenta socialista de Chile, Michelle Bachelet, ha dicho en su primer discurso ante la ONU, como Alta Comisionada de los Derechos Humanos, que “la migración de venezolanos no tiene precedentes en la región”.  El Embajador de Perú ante la ONU manifestó que “la magnitud del éxodo de venezolanos requiere medidas de la comunidad internacional”, mientras el embajador de Francia exhortó al gobierno venezolano “a permitir la ayuda humanitaria internacional”, lo que frenaría la migración y mitigaría la tragedia.

Jorge Rodríguez sostiene que “la migración venezolana es solo de la clase media”, para añadir que si el presidente Duque “enviara autobuses de Venezuela a Colombia, irían vacíos”.  ¿Verdad que no vale la pena argumentar, para que se sepa que lo que afirma Rodríguez es mentira?

El gobierno descarado, al mejor estilo castro-cubano, fiel a la estrategia comunista, niega la verdad y culpa a otros de mentir para generar un supuesto daño. El payaso Arreaza, quien no tiene credencial alguna para ser funcionario de tercera en una Cancillería, menos aún para ser Canciller de Venezuela, niega la crisis y afirma que  “Es un gran cinismo de que quien bloquea a Venezuela, ofrezca luego ayuda humanitaria”. Este mismo descarado sin sonrojarse afirmó: “En Venezuela no se ha generado ninguna fuga masiva de compatriotas”, “no hay refugiados en masa”.

Mercedes De Freitas, Directora Ejecutiva de Transparencia Venezuela, denunció ante el Consejo de Seguridad de la ONU que nuestro país es “ejemplo perfecto de la gran corrupción”, con las siguientes características: “Participa el alto nivel de gobierno, causa daños gravísimos en la población, tiene vinculaciones internacionales y queda impune”. ¿Y cómo no va a ser así, si no hay control de los poderes públicos? Los tribunales, la Fiscalía y la policía sirven al crimen, no a la justicia, mientras que por desgracia la Asamblea Nacional está coartada y limitada por todos lados. Nikki Haley acaba de acusar a Diosdado Cabello de ser “ladrón y narcotraficante”, “ha deambulado en el poder para forrar sus bolsillos”. “Estados Unidos acusa a Maduro de operar una cleptocracia”.

El Comisionado de la CIDH, con cifras que yo califico de conservadoras, sostiene que “para junio de 2018, más de 2,3 millones de venezolanos habían emigrado”. Todo esto ocurre en medio de una enorme persecución política que lleva al exilio a varios diputados, mientras otros son perseguidos y Juan Requesens está inconstitucionalmente preso. En Ginebra, la embajadora del Reino Unido ante la ONU dijo en clara voz: “Pedimos la liberación del diputado Juan Requesens”. También es noticia hoy que los abogados de Requesens “aún desconocen su estado de reclusión y de salud”.

Concluyamos citando de nuevo a Bachelet, cuando sostuvo ante la ONU que “sigue llegando información de muertes por malnutrición y enfermedades que se pueden prevenir en Venezuela”.  Esta es la crisis que Maduro cínicamente no ve. El mundo está alerta y atento, cada vez más claro en que hay que intervenir, en que hay que prestar la ayuda humanitaria internacional y obligar a los asesinos a que permitan alimentación y atención médica de los venezolanos en su país. Es hora de acción concertada y unitaria de los venezolanos con sangre y amor de patria, tanto desde el territorio nacional, como desde la diáspora viva que piensa en Venezuela.