Cuando descubrí el baloncesto profesional venezolano (es decir, cuando empecé a verlo por primera vez por televisión) creo que tenía diez años y antes de ese momento el único nombre que guardaba mi mente era el de Michael Jordán y un solo equipo fue capaz de atrapar mi emoción: Los Trotamundos de Carabobo, pero tenían un rival temible y muy peligroso: Los Cocodrilos de Caracas. En ese equipo capitalino jugaba un alma prodigiosa para el basket a pesar de su estatura, fue conocido por un apelativo muy particular: El General, porque precisamente en la cancha infundía respeto, gallardía y autoridad. 

Henry Páez se convirtió en el dueño de los triples en la liga, rara vez fallaba un tiro desde esa distancia, sus asistencias parecían ser obra de algún mago y se desplazaba con el balón con una increíble facilidad, hasta el momento no he visto a un jugador con esas características. Páez le enseño al mundo que este deporte ya no solo es de los altos y que debe predominar el talento y la inteligencia. Siempre lo vimos luciendo la camiseta de los Cocodrilos de Caracas, defiende sus colores con mucho compromiso y los fanáticos vieron en él un símbolo de amor por el deporte, en el Naciones Unidas se escuchó más de una vez el coro colectivo ´´El General, El General¨.

Hoy las canchas ya no son las mismas sufren sus ausencia, primero al retirarse de la competencia profesional y después debido a su repentina e inesperada desaparición física, el cáncer no nos permitió seguir viendo su sapiencia para el baloncesto posiblemente como entrenador, pero lo cierto es que jamás olvidaremos todo su legado dentro y fuera de la cancha, para nosotros sólo habrá un general en la LPB: Henry Páez.